EL MITO DE LA TORRE DE BABEL

EL MITO DE LA TORRE DE BABEL

Los seres humanos son criaturas impresionantes, formidables, las capacidades humanas sobrepasan por mucho el tiempo que se extiende la vida humana, dijo una vez un gran pensador. De entre esas capacidades, algunas cautivan la mente cuando pensamos en todas las posibilidades que ofrecen y las perspectivas que abren ante nosotros, pensemos por ejemplo en: preguntar, conectar, compartir el conocimiento, colaborar, el futuro que se proyecta ante nosotros es cuando menos maravilloso si pensamos cómo la tecnología extiende y multiplica nuestras capacidades.

Examinemos aquí brevemente un mito que nos hará repensar sobre nuestra condición humana y nuestra relación con los otros.

Según el mito de la torre de babel toda la raza humana hablaba una misma lengua y pertenecía a una sola comunidad, esta comunidad decide construir una ciudad y en ella se proponen construir una gran torre que se eleve a los cielos, un monumento que una sus esfuerzos y que prevenga luego que se dispersen por el mundo. Los humanos comienzan a colaborar tan bien que el proyecto parece indetenible, entonces el dios observa que están unidos y ve con celo el avance del proyecto, piensa que nada impedirá que los humanos hagan lo que han imaginado, e interviene entonces el dios para impedir que terminen la torre, los hace hablar distintas lenguas. Los humanos dejan de entenderse, colaborar y terminan por dispersarse por el mundo. La torre queda inconclusa.

Podemos apreciar que ya en tiempos antiguos el poder de la comunicación y la colaboración era comprendido de manera admirable, una idea ya clara se perfila en el mito de la torre de babel, cuando los humanos cooperan son realmente capaces de cualquier cosa, y al mismo tiempo, la idea contraria deja una lección no menos sorprendente, el dios confunde a los humanos haciéndolos hablar lenguas distintas de modo que la falta de compresión hace que dispersen y no puedan colaborar más, la falta de comunicación y entendimiento, hace que su poder se desvanezca y abandonen el gran proyecto común.

Un ligero análisis de los elementos del mito resulta profundamente conmovedor, el poder cooperativo de los humanos es tan terrible que el dios llega a sentirse de cierta forma amenazado por la osadía del proyecto , cuya conclusión parece no estar para nada por fuera de las posibilidades humanas. Hace falta entonces una intervención divina para evitar que el proyecto culmine, que distorsione las capacidades humanas para cortar el fino hilo por donde fluye todo el poder que amasan las multitudes humanas, la comunicación, la capacidad de conectar y entenderse.

Si sacamos del mito el papel que juegan en la condición humana estos elementos: la comunicación, la conexión, la comprensión y la colaboración, no es poco lo que habremos ganado, pues entender esto es ya apropiarse de un gran poder, es entender que nuestras propias posibilidades se amplían y se extienden cuando colaboramos con otros, y entender que colaborar es ayudar y ser ayudado, y que una cosa y la otra no son cosas distintas, sino dos aspectos de un mismo proceso, el proceso en que los humanos transforman la naturaleza en vida humana.

Otro elemento elemento valioso del mito, es la comunidad humana, es demasiado sugerente que el dios observa la unidad en los humanos y reconoce su poder, reconoce que el proyecto es viable y no está por fuera del alcance de lo humano, y decide actuar. El mito no dice casi nada de los humanos reconociendo su propio poder, pero en cambio resalta directamente que es la falta de entendimiento lo que separa a los seres humanos.

Habiendo pensado en estas cosas, volvamos al mundo actual y repensemos. ¿Reconocemos nosotros mismos nuestro poder en la conexión con el otro? Evidentemente que existen una multitud de organizaciones humanas que están al tanto del poder de la colaboración y el entendimiento. Pero existe un reconocimiento universal de una única comunidad, ¿o estamos dispersos por el mundo como en el mito, y diferentes lenguas nos separan?.

Más allá de opiniones al respecto, una cosa, que a nuestro entender no puede ser negada, es que en una era como la nuestra, la era de internet, cuando la conectividad ha alcanzado altísimos niveles de desarrollo, cuando la tecnología ofrece múltiples posibilidades, se abren ante nosotros perspectivas de colaboración que no habían existido en la historia que nos precede. Tal vez haya llegado el momento donde una comunidad universal, no sea ya cosa de mitos y símbolos, proyectos sólo alcanzables por la imaginación y los sueños, o realidades propuestas por valores que tenemos en lo más alto pero que no sabemos cómo realizar, no algo así, sino algo que en verdad podemos hacer juntos, algo que los dioses celosos reconocerían como un proyecto viable, algo que habría que detener.

¿Acaso un proyecto así no sería algo emocionante? La torre de babel es un símbolo tal que los humanistas y científicos pueden sentir el mismo vértigo que a veces produce el entusiasmo. Podríamos bien pensar, sí, sería emocionante si algo así existiera. Y la buena noticia es que sí existe, otros han soñado antes como nosotros, otros adelantan nuestros pasos, otros a los que podemos unirnos, ponen manos a la obra.

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